¿Por qué creemos en noticias falsas? Psicología de la desinformación
La desinformación es un fenómeno complejo que se ha intensificado con la era digital y las nuevas tecnologías. Se conoce como desinformación a la difusión de información falsa o engañosa por su inexactitud con el objetivo de manipular, confundir o influir en la opinión pública. Este fenómeno se reconoce como un problema de dimensiones sistémicas, ya que los medios para compartir la información aumentan cada vez más, plagando las redes sociales de noticias falsas que se comparten sin contrastar la información a la que hacen referencia.

La mente y los sesgos
En psicología, se conoce como sesgos cognitivos a los “atajos mentales” que utilizamos para filtrar la información que se nos presenta. Estos sesgos han resultado útiles a nivel evolutivo porque nos permiten tomar decisiones rápidas, sin necesidad de parar a considerar la información presentada. El problema, sin embargo, surge cuando los sesgos nos llevan a tomar decisiones basados en información o creencias erróneas, como sucede en la caso de las noticias falsas. Algunos de los sesgos influyen en este fenómeno son:
- Sesgo de anclaje. Este sesgo se basa en que tendemos a confiar excesivamente en la primera información que recibimos sobre un tema. Esto puede implicar que incluso encontrando de manera posterior información diametralmente opuesta, seguiremos defendiendo la primera idea que tuvimos sobre esa temática en cuestión.
- Sesgo de confirmación. Este sesgo se refiere a la tendencia de buscar, interpretar y recordar información que confirme nuestras creencias previas. Es decir, que cuando una noticia falsa va de acuerdo a nuestras opiniones, es más fácil que la aceptemos como válida sin cuestionarla.
- Sesgo de repetición: Las personas tendemos a creer que una información es verdadera si la vemos repetida con frecuencia. Esto en el mundo moderno supone una lacra, ya que con polémicas mediáticas, tendemos a ver las mismas noticias constantemente, cuando posteamos una y otra vez la misma información.
La emoción y la desinformación

Las emociones juegan un papel crucial en la propagación de la desinformación. La información que provoca una fuerte respuesta emocional, tiende a ser compartida con mayor frecuencia. Por ello, la desinformación está planteada en muchas ocasiones para generar esas respuestas, ya que las emociones intensas inhiben la capacidad de pensamiento crítico.
- La Ira, Miedo y/o ansiedad: Estudios han demostrado que los contenidos que generan ira, miedo y/o ansiedad son los que más se comparten en redes sociales. Estos estados emocionales pueden reducir la capacidad de evaluar críticamente la información, aumentando la probabilidad de que se comparta sin verificar.
- Efecto del Optimismo Irreal: Las noticias que confirman nuestras esperanzas o que pintan una imagen demasiado positiva pueden generar un sesgo optimista, donde se minimiza la importancia de verificar la información porque se alinea con lo que deseamos que sea cierto.
La influencia social
Aparte de las emociones y las distorsiones del pensamiento, un factor crucial es también la fuente de la cuál proviene la información.
- Los afectos. Los humanos tendemos a sentir una serie de afectos hacia aquellos que nos rodeas, que surgen en respuesta a esa persona y de manera inconsciente. Cuando vemos que la información es compartida por amistades o familiares, personas con las que mantenemos un afecto positivo, es más probable que demos por verdadera la información.
- La autoridad. Por otra parte, cuando figuras públicas comparten una noticia, podemos caer en creer esa información sin cuestionarla, por la autoridad que conferimos a esa persona. Por supuesto, esto se puede ver reforzado si además, esa información va de acuerdo con nuestras propias opiniones y creencias.
Las redes sociales

Las redes sociales como Instagram ejercen su parte dentro de este sistema, por la propia estructura que utilizan. Al estar creadas para captar la atención, los algoritmos promueven que se propague contenido que reciba muchas interacciones, independientemente de su veracidad. Esto genera un ciclo donde la información sensacionalista se viraliza con mayor facilidad.
Por otra parte, las redes sociales están diseñadas para enseñarnos contenido que nos interesa. Esto puede provocar que acabemos dentro de una burbuja de información, al anclarnos a aquellas páginas de contenido que se ajustan con nuestra visión y perspectiva del mundo, dejando fuera información que puede favorecer el desarrollo del pensamiento crítico. Esto promueve el sesgo de repetición del que ya hablamos, generando una mayor resistencia al cambio de creencias erróneas, cuando se nos presenta una información verídica que atenta contra nuestras ideas.
Por otra parte, las redes funcionan a su vez por un sistema de “recompensas”, donde los likes e interacciones resultan reforzadores. Esto facilita que se comparta contenido con alta carga emocional, a pesar de la información pueda ser completamente falsa. Además, esto puede favorecer que se comparta el contenido como un método de validación social, y no tanto como un modo de mantener una conversación informada.
Recursos para combatir la desinformación
Algunos de los recursos online que podemos utilizar como herramientas para desmentir notificas falsas, son:
- Maldito bulo.
- Google Fact Check Tools.
- Fake News Detector. Un Plugin de Google Chrome que permite analizar y detectar noticias falsas.
- Snopes. Página web en inglés.
- Iberifier. Para noticias en España y Portugal.
Referencias
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